La venta de un vehículo se convirtió en un viaje sin retorno para Ana María Caballero Varón, una joven de 24 años, tez blanca, cabellos castaños y ojos oscuros, nacida en el departamento del Tolima, enclavado entre las cordilleras central y oriental en la región Andina colombiana.
En su vivienda del municipio de Rovira, conocido como el «Encanto de Manantiales» por su gran diversidad de fuentes hídricas, fue la última vez que sus familiares la vieron con vida. Aquel jueves 14 de septiembre de 2023, Ana María se despidió de su madre e hija de 9 años para cumplir una cita en la ciudad de Neiva, a 229 km hacia el sur, en el vecino departamento del Huila.
El viaje por carretera debió durar al menos 5 horas. Ella tomó transporte público primero hasta Ibagué, la capital tolimense, y de allí hacia Neiva. Tolima y Huila en algún momento de la historia del país fueron parte de una misma unidad administrativa, hasta el año 1905, cuando nació a la vida jurídica el departamento del Huila, con Neiva como su capital. En esa ciudad, la joven se encontraría con su pareja sentimental para finiquitar la venta del vehículo Nissan Sentra gris con placas JFW 599, que figuraba a nombre de él y que ella había ofertado en Marketplace, plataforma de comercio de la red social Facebook.
De Ubardi Ávila Rivas, el novio de Ana María, poco se conoce. La familia de la joven ha informado que era oriundo de la capital huilense y que tenían una relación de al menos tres meses y medio. Aprovecharían el viaje para que ella conociera a los padres de él.
Mariluz Varón, la mamá de Ana María, contó que todo parecía normal hasta que a las 11:20 de la mañana del sábado 16 de septiembre, dos días después de su partida, recibió una llamada de la joven que le hizo temer lo peor. «Rece harto para que yo regrese a casa», fue lo último que escuchó de su hija. Desde ese momento, el paradero de ambos se convirtió en un misterio.
Durante los siguientes 34 días, Mariluz hizo exactamente lo que le pidió su hija: rezar, implorando a Dios en sus oraciones que estuviera bien y que regresara pronto sana y salva a su hogar. También contactó a los familiares de Ubardi, quienes le aseguraron que la pareja estaba en una finca y que no debía preocuparse. Quiso ir a denunciar la desaparición ante las autoridades, pero allegados le aconsejaron esperar para no ponerla en un mayor riesgo.
Fue solo en el mes de octubre, ante la falta de noticias, que Mariluz puso en conocimiento de la Fiscalía General de la Nación la desaparición, esperanzada en que pudieran dar con el paradero de Ana María a quien describió como una persona humilde, trabajadora y sin problemas.
Pero el calvario estaba lejos de terminar. Pasaron días, semanas y meses sin noticias. Esa Navidad, abuela y nieta, unidas en el dolor y la esperanza, esperaron el mejor regalo: el regreso de Ana María. Sin embargo, el milagro no llegó, ni en Año Nuevo ni en Reyes. Durante todo ese tiempo, la información sobre el caso fue escasa. La familia intentó llamar la atención con publicaciones en redes sociales, pendones y volantes con fotografías de la pareja, confiados en que alguien pudiera tener una pista.
En abril de 2024, Mariluz recibió una llamada que la dejó sin aliento: autoridades habían hallado una fosa común con restos humanos calcinados en una zona despoblada de Neiva. Por el estado de los cuerpos, era imposible identificarlos sin pruebas de ADN.
La familia esperó durante meses los resultados del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses. Otra Navidad pasó sin respuestas. El dolor y la esperanza seguían vivos tras 466 días de angustia. En febrero de 2025, una noticia golpeó a la familia: uno de los restos hallados correspondía a Ubardi, pero no había información sobre Ana María. ¿Estuvo ella con su novio en su último momento?
La respuesta llegó semanas después. El pasado 27 de marzo, Mariluz recibió la confirmación que tanto temía: uno de los cuerpos era el de Ana María. «Le rogaría a Dios que esto no fuera cierto, pero las pruebas dicen otra cosa. Solo pido justicia por mi hija. No puede quedar impune lo que le hicieron», expresó.
Lejos de cerrarse, el caso sigue en investigación. Dos personas fueron capturadas por su presunta participación en el crimen. Se espera que las autoridades esclarezcan los móviles de este atroz hecho, para que no quede como un número más en las estadísticas de desapariciones forzadas en Colombia, donde, según cifras oficiales, hay más de 100.000 personas desaparecidas.

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